jueves, 27 de marzo de 2008

Historias de Alcatraz y Lesbianismo

Si alguno piensa venir a San Francisco, que recuerde que las visitas a Alcatraz hay que reservarlas con tiempo. Menos mal que veníamos con muchos días y pudimos encontrar hueco un día entre semana, el martes, y por los pelos. El viaje es muy breve, apenas unos 10 minutos. La isla está aproximadamente a un kilómetro de la ciudad. Dicen que el agua está muy fría y hay corrientes peligrosas por lo que escapar nadando era inviable. Eso si conseguías salir de la prisión, que no era nada fácil, pues para algo era de máxima seguridad.
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Hoy la isla de Alcatraz es parte del Parque Nacional Golden Gate y la visita está muy bien organizada. Deambulas por la isla a tu aire, visitando las diferentes instalaciones, y después el plato fuerte es visitar las celdas con una audio guía que está francamente bien. Te cuentan la historia de la prisión, la estructura de los bloques de celdas, los intentos de fuga, la vida en el interior con su biblioteca, su patio y su comedor... todo aderezado con voces de reclusos y teatralizaciones de hechos ocurridos allí dentro. Todo muy Hollywood pero muy ameno e instructivo.
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Por la tarde, el mismo martes, fuimos al Museo de la Legión de Honor, un nombre horroroso para un edificio clásico que se encuentra en el medio de un parque con campo de golf público, un sendero al borde de un acantilado sobre el Pacífico, y vistas espectaculares al Golden Gate. Sólo por el sitio en el que está ya merecería la pena. La colección del museo es una mezcla de arte europeo de todas las épocas, una donación hecha para conmemorar la participación de soldados de California en la I Guerra Mundial. Hay un poco de todo; incluyendo un Dali, un Picasso, un Greco, y unos cuantos Monet. Pero la verdadera razón por la que nos plantamos allí, es que había una exposición de fotografía de Annie Leibovitz. Me encantó por varios motivos. En primer lugar las obras en si mismas (muchas conocidas, como la de Demi Moore embarazada). En segundo lugar porque el planteamiento reflejado en el título, A Photographer's Life, era la de combinar fotos de su vida privada y su obra pública. Dos mundos en paralelo de una misma vida; un planteamiento que me gusta mucho porque nada es más cierto que sólo tenemos una vida con distintas facetas entrelazadas. Finalmente, en la exposición descubrí fotos de Susan Sontag, una ensayista y novelista americana, una auténtica intelectual muy completa. El asombro para mi vino de descubrir que ambas mujeres mantuvieron una larga relación que duró hasta que Susan murió de cáncer. Esta vida secreta fue para mi toda una revelación porque nunca se muestra como tal pero se dejaba entrever en los textos que acompañaban a las fotografías. Una relación de amor lesbiano entre dos mujeres super famosas y relevantes en sus campos. Que pena que haya tan pocas de estas historias públicas.