domingo, 27 de septiembre de 2020

La fortaleza de Kalemegdan

Lo que define a Belgrado es la confluencia de dos ríos: el Sava y el Danubio. Es un unión extraña, que deja una isla fluvial en el medio. Con vistas a esa isla y a los ríos, hay una colina fortificada que dio origen a la ciudad de Belgrado. Primero fue una tribu celta la que montó allí su ciudad amurallada, luego vendría la conquista romana y tras ella, siglos de asedios y cambios de manos: los godos, los hunos de Atila, los bizantinos y distintos pueblos eslavos, entre ellos los serbios.  Tras la famosa batalla de Kosovo, fueron los otomanos los que conquistaron la ciudad y su fortaleza y le dieron el nombre que aún hoy conserva de Kalemegdan

El recinto amurallado y el gran parque que lo acompaña es un mirador excepcional, particularmente bello al atardecer, como ya había tenido oportunidad de comprobar en mi primera visita. Está siempre muy animado, con familias, parejitas de paseo y grupos de jóvenes con música. Es impresionante pensar que esas murallas y esas vistas han sido contempladas, paseadas y peleadas durante más de 2000 años.  







sábado, 26 de septiembre de 2020

Museo Nacional de Serbia

Fin de semana en Belgrado. Tengo reuniones de trabajo el lunes y martes y me he venido ya el sábado porque salía mucho más barato que volar el domingo. Además estaba sólo en París porque dBt aún sigue en Madrid. 

He dudado hasta el último momento con este viaje a Serbia porque no tenía muy claras las "restricciones" de viaje, al ser un país fuera de la Unión Europea. Al final, no hay ninguna para entrar y para volver a Francia creo que tendré que hacerme una PCR en el aeropuerto y presentar un impreso justificando que soy residente en París. Veremos. 

Dediqué la tarde del sábado a visitar el Museo Nacional en Belgrado. Tiene sección de arqueología, sección de arte nacional del país (pintura y algo de escultura) y sección de arte europeo. Es decir, es uno de esos museos atrápalo todo como el Museo Nacional de Dinamarca que visité hace un par de semanas.  De nuevo, me interesó la sección del neolítico. Creo que desde los alineamientos de Carnac me he quedado pillado con esa transición al sedentarismo y la agricultura y la gran variedad de culturas que se originaron. 

El museo también tiene una gran sección de arte medieval serbio, es decir, pintura religiosa ortodoxa. Me gustó bastante, aunque también me incomoda constatar el papel tan relevante de la identidad religiosa en la creación de las naciones y los sentimientos nacionales. De ahí vienen no pocas de las tensiones con los musulmanes de Kosovo. 

La sección de pintura serbia y europea no me interesó especialmente, aunque siempre encuentro "personajes" interesantes como los de abajo. Con la nueva versión de "blogger" no puedo poner las fotos en dos columnas así que al menos las dejo en grande y se pueden apreciar mejor. La "rubia" es un Van Dongen y los corredores de colorines son de Robert Delaunay, quien hizo variaciones que se hayan ahora repartidas por el mundo. 









miércoles, 23 de septiembre de 2020

Reuniones en Utrecht

Aunque me alojé en Rotterdam esta semana, mis reuniones de trabajo fueron en Utrecht, a 40 minutos en tren. Las dos ciudades tienen estaciones super modernas (primera y última fotos) y todo el sistema ferroviario funciona a la perfección. Las mascarillas sólo son obligatorias dentro de los vagones, ni siquiera en la estación hay que llevarlas. Tuve de nuevo esa mezcla de libertad y extrañeza por poder moverme "sin protección" tan alegremente, como ya me había ocurrido en Copenhague la semana anterior

Mis reuniones fueron de nuevo en el Grand Hotel Karol V, ubicado en un antiguo monasterio. Por lo visto, una vez lo visitó el emperador Carlos V y de ahí tomó el nombre el hotel. Varios cuadros y emblemas recuerdan al monarca. No es la primera vez que uso ese hotel para reuniones. Tiene toda una serie de jardines y terrazas que te permiten cambiar de espacios sin salir del mismo recinto. Como hacía buen tiempo, pasé prácticamente todo el día en el exterior. Aunque algunas de mis conversaciones fueron complicadas, fue agradable poder hacerlas en un entorno tan bonito. 

Entre reuniones, salí a pasear por el centro de la ciudad y acabé haciendo una de mis teleconferencias desde el claustro de la catedral. Como no necesitaba hablar, sólo escuchar,  pude hacerlo en "recogimiento", con vistas a los arcos góticos y al jardín. De vuelta al hotel, pude apreciar una buena perspectiva del Inktpot, un precioso edificio art-decó de los años 20 del siglo anterior, que es la sede de los Ferrocarriles holandeses. Tiene instalado un ovni en la parte superior, recuerdo de una exposición de arte en el año 2000. 








martes, 22 de septiembre de 2020

Rotterdam, 5 años después

Esta semana he estado unos días de trabajo en Holanda y por primera vez decidí hacer base en Rotterdam, a 2,5 horas en tren desde París. Fue una delicia poder disfrutar del final del verano, con muy buena temperatura, entre toda esa arquitectura fantástica. Me quedé un buen rato observando el tráfico incesante de grandes barcos contenedores al atardecer. 

Hace ahora 5 años, celebramos en Rotterdam nuestro 10 aniversario. Allí me fui con el anillo preparado y comenzó el "proyecto boda". Lo más impresionante es que antes de ir esta semana no era consciente de que me coincidía el viaje de trabajo con el aniversario y mucho menos que me alojaba en el hotel encima del restaurante de la (frustrada) "pedida de mano". Fue todo una mágica coincidencia que me hizo mucha ilusión. Una pena que en esta ocasión no estuviera dBt conmigo, pero mientras yo andaba enredado en todos esos recuerdos románticos, él anda liado con temas mucho más prosaicos en Madrid: el cierre definitivo de la obra y el cambio de llaves en el apartamento. Ya sólo quedan 5 semanas para la mudanza.










lunes, 21 de septiembre de 2020

Museo Bourdelle

El domingo de las motos calcinadas y de las Jornadas del Patrimonio, visité el Museo Bourdelle por primera vez. Estaba en mi lista de cosas a hacer antes de dejar la ciudad. Le tenía muchas ganas porque para dBt es un sitio mítico porque estaba al lado de su pequeño estudio cuando vivía en Montparnasse (y yo me trasladé a Londres). Lo visitó varias veces y me habló muy bien del museo pero no llegamos a visitarlo nunca juntos. 

Antoine Bourdelle fue un escultor francés de finales del XIX y principios del XX. Fue ayudante en el taller de Rodin y, aunque le costó, acabó consagrándose como un gran artista por si mismo. Probablemente su obra más famosa es el Heracles Arquero que se puede observar en la derecha de la foto interior del "Grand Hall". 

El museo está francamente bien, tanto por el espacio, con varios patios, como por la calidad de las obras expuestas, muy monumentales. Se pueden ver con todo detalle por ejemplo las obras del friso del Teatro de los Campos Elíseos. Aprovecho que han cambiado el editor de "blogger" para mostrar las fotos en tamaño grande porque sólo soy capaz de mostrarlas de una en una y no en 2 columnas como solía hacerlo hasta ahora. 






domingo, 20 de septiembre de 2020

Violencia y belleza en París

Este fin de semana trabajé. Mi empresa anda revuelta con ajustes de gastos y reestructuraciones de plantillas y tuve que revisar datos y preparar algunos análisis.  No me importó lo más mínimo porque no es algo que me ocurra a menudo y porque además dBt no estaba en casa. Está haciendo un periplo múltiple con paradas en Madrid (piso), Zaragoza (familia) y Valencia (para celebrar el 18 cumpleaños de su sobrina).  Total, que el sábado sólo salí de casa para ir al gimnasio por la tarde. 

El domingo aún tenía trabajo por hacer, pero decidí cambiar de aires y salir temprano, a las 9:30 de la mañana, dispuesto a disfrutar de las Jornadas del Patrimonio.  En el portal ya me extrañó ver restos de ceniza negra y el cristal de la puerta agrietado en varios sitios, pero al salir al exterior, me encontré con un panorama dantesco. Delante de la puerta del edificio yacían los amasijos de hierros de unas 8 motos. Impresionante panorama en pleno centro de París y al lado del Centre Pompidou. El incendio tuvo que ser considerable y la humareda dejó rastros en toda esa fachada del edificio. 

Aún no sé que ha pasado exactamente, pero estos incidentes no son raros en París. Llevamos varios años de violencia cada vez más explícita. Las imágenes de coches ardiendo o comercios vandalizados, sobre todo en los Campos Elíseos, se han hecho comunes, principalmente alrededor de las manifestaciones. Da igual que sean chalecos amarillos, Primero de Mayo, o Marchas por el Clima que siempre hay grupos de violentos infiltrados (de extrema derecha y/o de extrema izquierda) que montan el pollo. También son cada vez más frecuentes los altercados callejeros entre bandas o los incidentes violentos entre ciudadanos a cuenta de, por ejemplo, el uso de mascarillas. En fin, un panorama urbano de lo más relajante. 

Lo mejor de todo es que mientras mi edificio estaba sitiado por las llamas yo dormía como un lirón. El sábado me quedé dormido antes de las 11, entre el agotamiento del trabajo y el gimnasio. Me desperté a las 3 de la mañana con algún ruido fuerte y voces, pero pensé que eran vecinos de juerga y decidí ponerme los tapones y seguir durmiendo. Bendito yo, porque así me salvé del susto y del mal rollo. 

El domingo por la mañana después de ver  y fotografiar los esqueletos de las motos en la puerta de casa, seguí mi camino por la ciudad, dispuesto a disfrutar igualmente de las Jornadas del Patrimonio y toda esa belleza que atesoran las calles de París a pesar de todo. 







jueves, 17 de septiembre de 2020

De Selandia a Jutlandia

Estos son aún días de verano en casi toda Europa, con temperaturas más altas de lo normal, también en el Norte. Dada la cercanía de la oficina en Copenhague a la playa de Amager, pude acercarme a la costa al mediodía y también al atardecer para comer y cenar algo. Me sentó bien ver el mar y pasear entre los barcos deportivos para relajarme ante la tensión y la intensidad de mis conversaciones de trabajo. No son buenos tiempos para el transporte público en ningún país y mi empresa está sufriendo las consecuencias de la menor movilidad de los usuarios. En Dinamarca además, el transporte público es el único lugar en el que las mascarillas son obligatorias lo que refuerza la percepción absurda de que es el único lugar de riesgo. 

Dediqué uno de los días de trabajo a conocer nuestras operaciones de tren en el país, que se concentran en la zona oeste y central de la península de Jutlandia. Fue un día agotador, de 5 de la mañana a 7 y media de la tarde, para poder viajar en coche hasta allí y visitar talleres, oficinas comerciales y estaciones, y reunirme con el equipo directivo. El trayecto en coche de ida y vuelta me ayudó finalmente a entender la estructura básica del país en 3 grandes bloques: Seelandia  al este, que es la isla dónde se encuentra Copenhague, mirando a la costa sueca, Fionia, o Funen, que es la isla central, y la península de Jutlandia al oeste, que es ese "saliente de Alemania" que todos reconocemos tan fácilmente en los mapas de Europa.






martes, 15 de septiembre de 2020

De vuelta en Copenhage

Llevaba 6 meses sin viajar por trabajo. No puedo decir que lo echara de menos porque en realidad en todo este tiempo covid tan loco he aprendido a trabajar desde casa de forma permanente y lo llevo francamente bien. Incluso pienso que sería difícil para mí volver a un trabajo de oficina 100%. 

El caso es que retomo las cosas dónde las dejé: el último viaje, antes del Apocalipsis, fue a Copenhague,  con una extraña vuelta a París a través de Londres. Releo ahora aquellas entradas y revivo lo extraños que fueron aquellos días, antes de la Gran Reclusión. Seis meses después he vuelto a Dinamarca, con una carta de invitación de mi empresa debajo del brazo para que me dejen entrar en el país y con una PCR negativa hecha 48 horas antes del viaje por aquello de no sentirme responsable de crear un brote de covid en nuestra oficina danesa. Así  ha cambiado el mundo. 

Aterricé en Copenhague el domingo por la mañana y aproveché la tarde para acercarme al Museo Nacional de Dinamarca. Fue extraño pasear por la ciudad y por el interior del museo sin mascarilla (sólo es obligatoria en el transporte público). Me sentía intranquilo y a ratos casi me costó relajarme en presencia de otros humanos. 

La elección de museo fue un acierto aunque me gustaron más la Gliptoteca y el SMK. Este es enorme y no todas las secciones son interesantes. Presente una evolución cronológica de Dinamarca, y además una sección de "estilo etnográfico" que recorre otras culturas del mundo y otra sección adicional con obras de arte antiguo (babilónico,  egipcio, romano, griego...). Contra todo pronóstico lo que más me gustó fue la sección de arte neolítico (por el ejemplo el carro con un disco solar tirado por un caballo que simbolizaba los movimientos del sol) y una exposición temporal sobre los vikingos que los representa bien guapos y elegantes. Esas fueron las secciones que me permitieron descubrir y aprender algo nuevo, que no hubiera visto en ningún otro museo. 

Después de la visita al museo, quedé para tomar algo con una antigua compañera del Máster de Dauphine. Es una alemana casada con un francés y ahora los dos viven en Copenhague. Estuvo muy bien reencontrarse y compartir historias interculturales alrededor de la pandemia.