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jueves, 6 de diciembre de 2012

El reparto de las joyas

Mesa de desayuno. Mi madre hace el anuncio; siempre le tocan a ella las conversaciones delicadas. Por lo visto mi padre tiene una sortija con una piedra indeterminada; también unos gemelos, estos sí, de oro; y finalmente un broche, de no recuerdo qué material, pero seguramente noble. Les gustaría que yo me los quedara. El destino de sus joyas, las femeninas, es todavía incierto. 

No supe qué decir. Sólo que yo no utilizaba nada de eso, y que tardaría en ir a Vigo y por lo tanto pasarían meses hasta que me pudieran hacer la cesión. Quedé como aturdido.

Supongo que debería estar contento pero me apena. Es una conversación y un recuerdo que me lleva a un escenario que no quiero ni imaginar. Imagino que les ha afectado la reciente pérdida de una prima muy querida.  Están a esa edad en la que constantemente ven desfilar conocidos; todo un mundo que va desapareciendo poco a poco. Y parece que ellos se han puesto a organizar temas.

domingo, 1 de mayo de 2011

Balance de una visita

Finalmente mis padres se fueron ayer. Han sido prácticamente 2 semanas de visita y tanto dBt como yo hemos quedado agotados. Todo ha salido estupendo, aunque ellos han estado algo más cansados y también algo más "batallitas". A pesar de toda su vitalidad no dejan de superar los 80, y como reconoce mi madre van notando cada año que pasa. Aún así su buena forma física y mental es envidiable. Por ejemplo, han llevado muy bien, durante el viaje a los Castillos del Loira, que el coche tuviera el cierre centralizado estropeado. Literalmente tenían que subir y bajar haciendo malabarismos desde la puerta del conductor. Lejos de quejas o dificultades físicas todo ha sido motivo de risas.

Hemos aprovechado estos días para hacer bastante turismo, y yo he cogido más de una semana de vacaciones. En general hemos hecho cosas nuevas para todos, como recorrer en barco el Canal de Saint Martin desde la Bastilla, o las visitas a  Saint-Denis y Vincennes comentadas anteriormente. También les hemos acompañado a un par de cosas de las que ellos tenían pendientes, como el Cementerio de Père Lachaise, o la visita a Versalles, cuyos jardines hemos recorrido en coche eléctrico para que el día no resultara demasiado agotador.

Estoy satisfecho de haberles dedicado todo este tiempo aunque también es cierto que en los últimos días me ha ido subiendo algo la ansiedad por las cosas que tengo pendientes a nivel laboral. Yo también noto cada nuevo año que pasa en mi relación con ellos. Oscilo entre vivir y disfrutar estos momentos que pasamos juntos y cierta angustia de perderlos que no puedo evitar. Mientras tanto, mis notas para escribir algún día una novela familiar van aumentando. Ya tengo unos 5 folios y me ayuda precisamente el hecho de que ellos se están volviendo más "batallitas" y repiten algunos episodios particularmente importantes de sus vidas. En esta ocasión, incluso he sacado el ordenador en casa para tomar notas mientras hablaban...

viernes, 27 de agosto de 2010

Novela familiar

Mis vacaciones se han acabado. Llevo tres días trabajando desde la oficina de Madrid. Empiezo a notar ya la efervescencia de la actividad profesional inminente: planificación de viajes, reuniones, documentos pendientes... En el medio de esa vuelta a la realidad profesional también se cruzan pensamientos y conversaciones cruzadas con distintas personas de mi familia respecto a los incidentes del que ya podemos llamar disgusto de los 80. Más allá de lo que acabe dando de si ese último episodio familiar, lo cierto es que ha servido de  detonante para que me plantee escribir una novela sobre la evolución de una familia gallega desde principios del siglo XX a principios del XXI.

Podía ser una simple "arroutada" de verano, y realmente no sé en qué quedará todo esto. Pero cada vez veo más claro los elementos literarios de muchos de los acontecimientos familiares. Sin duda el arranque de cualquier historia sería ese episodio de realismo mágico del reparto de la herencia que ya he contado en otra ocasión: una bisabuela repartiendo playas, islas y montes que no tiene entre sus descendientes en el día en que efectivamente muere. Pero es que cada vez, a través de conversaciones con mis padres voy descubriendo muchos otros elementos muy novelescos, como ese traslado familar de Cangas a Vigo a bordo de un balandro que cruza la Ría de Vigo con una cama, una cómoda y algún otro mueble, en un día en que la Ría está llena de barcos mercantes que se han refugiado ante el reciente arranque de la 2ª Guerra Mundial.

Tal vez este proyecto literario veraniego no llegue a ningún lado pero creo que al menos me apetece desarrollarlo por lo que supone de investigación en la historia familiar. Puede que todo sea un temor creciente ante la edad de mis padres, los dos octogenarios, y la posibilidad de la pérdida irremediable de sus historias. Alterno esa angustia con la emoción de utilizar este proyecto de novela como banderín de enganche para recuperar su historia oral y la de otros familiares que también se van haciendo mayores. De momento ya tengo una página y media de anotaciones iniciales. Veremos.


viernes, 6 de agosto de 2010

80 años y un disgusto

He decidido no volverte a ver,
olvidar que fui quien te buscó.
He prometido que no habrá otra vez,
renunciar por no acabar peor.
Fangoria, "Cuestión de Fé"

Agosto siempre comienza con celebración familiar, todo un ritual. El año pasado la fiesta de los 79 años de mi madre fue en casa y con día gris. Este año tocó restaurante y día soleado para celebrar los 80. El sitio no podía ser más espectacular, en Cabo Home, sin duda uno de los mejores paisajes de Galicia, con vistas a la Ría de Vigo y las Islas Cíes.

Fue una celebración con todos sus tópicos: qué crecida está la niña, qué días de calor llevamos este verano, qué rico está el marisco (salvo los percebes que estaban muy salados para todo el mundo; yo no los probé)... Por supuesto, también hubo sobremesa con canciones populares, de esas que siempre arranca a cantar mi padre y secundan mis hermanos y consortes.

Todo fue bastante rutinario salvo el final, que fue abrupto y altamente emocional. De esos finales de película neorealista italiana, de familias vociferantes. Todo evoluciona a partir de una conversación entre dos personas que no saben callarse a tiempo y que juegan a ver quien suelta la provocación más gorda. Entre el alcohol y los comentarios sarcásticos surge un malentendido: uno que no se sabe explicar y otra que siente insultada la memoria de una persona difunta, uno que se levanta de la mesa y otra que sigue rumiando su memoria ultrajada. Todo un papelón bastante tragi-cómico, sino fuera por el mega-disgustazo que se han llevado los abuelos, mi madre, pero también mi padre que ya ha cumplido también los 80.

En el fondo, este no es más que un nuevo capítulo de una sucessión intermitente de disgustos a lo largo de 30 años. Lo más interesante en esta ocasión ha sido que el centro involuntario de la escena lo ha ocupado una persona ya fallecida, una señora que debió ser todo un personaje en vida, viviendo en un barrio lleno de miserias e ignorancias. Yo veo en todo esto material muy literario, para escribir una de esas novelas estilo Isabel Allende, con amores y rencores a través de las generaciones. Tal vez algún día me anime :).

lunes, 14 de julio de 2008

Historias de familia

Mis padres llevan muchos años veraneando en Bon (Beluso), así que esa playa y esas rocas forman parte de los últimos 25 años de mi vida. Hace dos años pasé allí una Noche de San Juan inolvidable con mis padres y jap. Hubo hoguera y salto de cenizas, queimada, e incluso dueto de mis padres. Este fin de semana pasado también ha sido algo especial; y también estaba jap. Empiezo a creer que mis padres se transforman con él. O tal vez se hacen mayores y exteriorizan más sus sentimientos.
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Llegamos el viernes a Vigo con los dos coches: el mío nuevo, y el mío antiguo que ahora se queda mi padre y que dejamos en el taller de BMW. Fue un viaje algo pesado, aunque hicimos alguna parada y nos intercambiamos los coches por el camino para no aburrirnos. Comimos en Allariz, después de comprar un montón de almendrados de Fina Rei, algo convertido casi en tradición cuando voy en coche.
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El día grande fue el sábado, con atracón de familia. Nada menos que 20 personas, incluyendo mis hermanos, mi prima Pili, y las primas de mis padres. Empanadas, churrasco, vinos, canciones... todo muy de estudio antropológico sobre Galicia. Después, ya tarde, excursión en mega grupo por el monte y las rocas, dejando clara la agilidad de los abuelos presentes. Fin de fiesta en el chiringo de la playa. Una jornada redonda, de 2 a 10 de la noche. Y todos encantados.
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Ya solos en casa los cuatro (mis padres, jap y yo), hubo historias de adolescencia y juventud. Mi madre viviendo sola en una casa sin suelo (tierra, vamos) de los 16 a los 21 años, tras perder a sus padres. Y mi padre que era vecino de mi madre en Vigo pero visitaba con frecuencia a sus abuelas en Cangas.
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Una de mis bisabuelas (abuelas de mi padre) era muy culta, sabía leer y escribir y de hecho escribia cartas para vecinas y otros familiares. Además hacía algún que otro conjuro o remedio casero (entre meiga y druida). La otra abuela, hermana de la primera (cada uno que explique el enigma) era todo un personaje que hacía fiesta por dónde iba. El episodio más digno del realismo mágico fue el reparto de herencia de esta segunda bisabuela. Una buena tarde que la visitaron muchos nietos se dedicó a repartir islas, parques, empresas y demás activos del Sur de Pontevedra a los presentes("a ti, meu fillo, deixote a Illa de Toralla, a ti, a Illa dos Ratos..."). La sorpresa y el impacto para todos los presentes, algo de lo que aún no se han recuperado, es el hecho de que murió poco más tarde. A mi padre le dieron el aviso cuando esperaba el barco de vuelta a Vigo desde Cangas, al acabar la visita. Aquel reparto tan novelesco de la herencia había ocurrido poco antes de su muerte real.