sábado, 5 de septiembre de 2015

Iglesias de Islandia

Hay dos tipologías de iglesias en Islandia, ambas muy interesantes. De un lado, y más allá de las "catedrales de cemento" de Reykjavik y Akureyri, hemos encontrado buenos ejemplos de arquitectura contemporánea religiosa. Destacan especialmente las iglesias modernas de Stykkishólmur, de Blonduós, con su cuadro de arcángeles alienígenas, y la iglesia de los triángulos de Ólafsvik, que no pudimos visitar por dentro.

Por otro lado, esparcidas por aquí y allá, nos tropezamos con pequeñas capillitas, a menudo solitarias o con alguna granja vecina. En todos los casos, de madera, en muy buen estado, como si estuvieran recíen pintadas y combinando, siempre, de manera perfecta con el paisaje.






viernes, 4 de septiembre de 2015

Fauna islandesa

Ya estoy de vuelta en París, desde el 1 de septiembre, y he tenido un aterrizaje laboral soberano: diversas urgencias me aguardaban. Procuro relajarme por las noches pensando en algunas de las experiencias de Islandia. Pienso, por ejemplo, en el "bicherío" que hemos visto.

La fauna en Islandia no es tan extraña como la de Australia pero, en cualquier caso presenta algunas peculiaridades. Por un lado, están los caballos, literalmente por todas partes, omnipresentes, más pequeños de los habituales, y siempre sueltos,  pastando. Por otro lado, están las ovejas, también omnipresentes. De hecho dicen que hay el doble de ovejas que de personas en Islandia. Desde luego están muy habituadas a los coches y turistas porque campan a sus anchas por las carreteras. Por último, están los frailecillos (puffin en inglés), los pajarracos esos de pico colorado. Los vimos en el sur, en  los acantilados cercanos a Vik. Yo no les veo mucho punto pero desde luego la gente se vuelve loca cuando los ven y no paran de fotografiarlos. 

Creo que caballos, ovejas y frailecillos son la triada básica de Islandia. Es muy típico salir a ver ballenas desde la costa norte, en particular desde un pueblo que se llama Husavik, pero nosotros ni nos lo planteamos dada nuestra mala experiencia y el mal tiempo que tuvimos en esa zona.




martes, 1 de septiembre de 2015

13/ Dos museos y una laguna

Cerramos la "tournée" en Islandia, haciendo noche en Borgarnes, a 60 km de Reykjavik. Al día siguiente, y teniendo en cuenta que el vuelo no salía hasta la 1 de la madrugada, decidimos pasar el día de vuelta en la capital y visitar las 2 sedes del Reykjavik Art Museum que no conocíamos. Una de ellas es un museo de escultura de Asmundar Sveinsson. Nos gustó mucho el espacio y también la obra, un poco al estilo Musée Rodin: con las obras de gran formato en el jardín. 

El otro museo está dedicado al arte moderno, y siempre tiene algo de Kjarval, un pintor islandés al que no conocíamos pero que parece toda una institución en el país. De nuevo nos gustó mucho el espacio del museo y también alguna de la obra de este pintor. 

Nos quedó la sensación, tras visitar las diferentes sedes del museo, que nos llevamos una idea de los principales artistas del país, y además nos gustaron todos bastante, aunque probablemente no volveremos a recordar ninguno de sus nombres. 

Para completar el último día en Islandia, fuimos a la Laguna Azul, que está a 12km del aeropuerto y es un cierre de viaje clásico, para relajarse antes del vuelo. Lo tienen todo muy bien organizado, y algo masificado pero en cualquier caso es lo suficientemente grande para encontrar siempre algún espacio más íntimo. Y efectivamente relaja sumergirse en esas aguas naturales calientes, con sales, y hacerse un peeling facial con el barro de la propia laguna. 




lunes, 31 de agosto de 2015

12/ La península de Snaefellsnes

Dicen que la península de Snaefellsness, en el oeste, a unos 120 km de Reykyavik, es como una Islandia en miniatura. Se supone que tiene un poco de todo: volcán con glaciar, cráteres aquí y allá, playas negras, campos de lava (como me gustan!), acantilados, fiordos, cascadas, etc. Por su cercanía con la capital, es una zona super recomendable para viajes cortos. 

Hicimos noche en un hotelito muy mono, pero bastante overpriced, en Búdir. Supongo que pagas el sitio porque es muy especial: en el medio de un campo de lava, con vistas a la costa de un lado y al glaciar-volcán del otro. Enfrente, una pequeña iglesia de madera, con su cementerio, y una reserva de aves (que andaban enloquecidas y agresivas si te acercabas demasiado a las rocas porque debían estar criando). Todo muy idílico, la verdad. Para completar la magia, la zona tiene altas probabilidades de aurora boreal y en la recepción toman nota de tu habitación para despertarte si esa noche toca. Nosotros no tuvimos suerte (cielos cubiertos) pero en la noche anterior habían visto una a las 23:30, sin necesidad de levantarse de madrugada. 

En la punta de la península, que es parque nacional, se encuentra ese volcán tan fotogénico.  Se supone que ahí está el punto de acceso al centro de la tierra, según la novela de Julio Verne. Lo malo es que casi siempre está cubierto de niebla. Nosotros lo vimos la tarde-noche de llegada porque al día siguiente ya no hubo forma: lluvia y niebla, que deslucieron todo el paisaje. Salimos del coche sólo a ratos cortos.  Algo de razón tiene la publicidad turística de Islandia según la cual "si no te gusta el tiempo sólo tienes que esperar quince minutos" para ilustrar lo cambiante que es.




domingo, 30 de agosto de 2015

11/ Hacia el Oeste

Tengo la impresión de que, en Islandia, lo que más te gusta son aquellos sitios dónde el tiempo te acompaña. Es entonces cuando disfrutas del paisaje y puedes hacer algo de caminata. Cuando estábamos por el Sur, coincidimos con unos alemanes que venían encantados del Norte, mientras que a nosotros, nos gustó esa zona pero la disfrutamos poco. En cambio, fue salir de allí, movernos hacia al Oeste, volver a salir "algo" el sol, y ya, de nuevo, nos quedamos extasiados con el paisaje. 

En la Península de Snaefellsness encontramos nuestro pueblo favorito en Islandia, con nombre imposible, como la mayoría: Stykkishólmur. A su favor: concentración de casitas de madera, puerto pequeño pero muy cuco, cerrado por un promontorio con faro y, para poner el contrapunto, mega-iglesia moderna, en un promontorio y con campanario al estilo esqueleto de ballena. En cualquier caso, lo de las iglesias en Islandia merece entrada aparte, así que ya comentaré más. 



sábado, 29 de agosto de 2015

10/ La península de Vatnsnes

Estuvimos 3 días por el norte de Islandia: los dos primeros llovió de manera intensa, y el tercero paró de llover pero se levantó un viento huracanado. Las temperaturas bajaron para situarse entre los 4ºC y los 8ºC; francamente inhóspito. Habíamos pensado hacer rafting, montar a caballo, o salir en un barco a ver focas desde Hvammstangi, la ciudad en la que hacíamos noche en nuestra ruta hacia el oeste. Descartamos todos esos planes porque no había quien aguantara fuera del coche. En su lugar, hicimos una excursión alrededor de la península de Vatnsnes, por carreteras secundarias, de esas de grava y baches. 

Tuvimos realmente sensación de estar en el salvaje Norte: casi despoblado, con el mar agitado, caballos al galope…  El punto más fotogénico de esa costa es una extraña forma de basalto en el mar, una especie de doble arco, llamado Hvitserkur. 

Para recuperarnos de tanta naturaleza extrema, y del frío, cenamos, con una mantita sobre las piernas, en el restaurante del Seal Center de Hvammstangi: muy mono y con todo muy sabroso. Desde entonces, vamos buscando mantitas de esas para llevarnos de vuelta para este invierno en París.




viernes, 28 de agosto de 2015

9/ El lago Mývatn

En el medio de ninguna parte, a 100 km de Akureyri, en el Norte, se encuentra el lago Mývatn, que concentra un montón de fenómenos volcánicos. Nos tocó día lluvioso, así que los colores no lucían nada pero, al menos, tuvimos paradas intermitentes que nos dejaron hacer las visitas. 

Por un lado hay unos "pseudocráteres" muy vistosos, en tonos ocres, pegados al lago. La zona llamada Dimmuborgir es un campo de lava que ha dejado formas muy curiosas, torreones, arcos, todo en medio de mucha vegetación; un sitio para perderse durante horas haciendo senderismo. No muy lejos, en otra zona, se pueden observar las fisuras dejadas por el movimiento de placas entre Europa y América (como ocurría en el Parque Nacional Thingvellir).  

Con todo, lo más impactante para nosotros fue el Hverfell, un cono volcánico negro como el tizón, de 1 km de diámetro. Tardamos una hora y media en subir y recorrer el cráter en su totalidad. Desde arriba hay muy buenas vistas al lago y toda la zona circundante, con fumarolas por aquí y por allá. Acabamos el recorrido del cráter empapados, porque empezó a llovernos al final así que decidimos irnos corriendo a los Baños Naturales, para remojarnos en esas aguas azules y sulfurosas, y olvidarnos del mundo. 








jueves, 27 de agosto de 2015

8/ Del Este al Norte

Los kilómetros en Islandia engañan: etapas diarias de 200 o 250 km son lo ideal, porque el límite de velocidad son 90 km/hr en la carretera 1. Además, hay que contar con que, en algunos tramos, es necesario coger carreteras secundarias, literalmente pistas mal asfaltadas, dónde 50 km/h es la velocidad media, o incluso menos. 

Por desconocimiento, planifiqué una ruta de viaje demasiado larga, más de 400 kilómetros, entre  Neskaupstadur, en los Fiordos del Este, dónde habíamos hecho noche, hasta Akureyri, la capital del norte. En realidad la ruta directa no era tan larga pero yo me empeñé en desviarme 60km ida y vuelta hasta Seydisfjordur, un pueblo muy mono de los Fiordos, con casitas de madera, una iglesia azul y tal. Se supone que se accede al pueblo a través de un puerto de montaña espectacular, con sus lagos y cascadas. La verdad es que la niebla y la lluvia sin parar no nos permitió disfrutar de nada (y pensar que el día anterior había sol radiante!). Al menos comimos muy bien en un restaurante que curiosamente se llamaba Aldan, como el pueblo de Pontevedra. 

Llovió de manera intensa todo el santo día, un auténtico diluvio universal. Y yo venga a hacer kilómetros (porque dBt no conduce). Lo mejor de la ruta fue pasar por Hverir, en los alrededores del lago Myvatn, con sus fumarolas y actividad volcánica, y por Godafoss, una cascada espectacular. Finalmente, tras 9 horas de ruta, llegamos a Akureyri, una gran ciudad de unos 20 mil habitantes y una iglesia de hormigón bien mona (del mismo arquitecto que la de Reykjavik).



miércoles, 26 de agosto de 2015

7/ Höfn y los Fiordos del Este

Tras el atiborre de cascadas y glaciares del Vatnajökull, y siguiendo nuestro recorrido de Islandia en sentido inverso a las agujas del reloj, llegamos a Höfn, un pueblo pesquero de menos de 2000 habitantes, que parece una auténtica metrópolis, al tener su propio aeropuerto. Está situado en un saliente-península hacia el mar, y nuestra llegada coincidió con la puesta de sol sobre los glaciares al fondo. 

Al día siguiente, descubrí que Höfn tiene una ruta con un modelo a escala del Sistema Solar. Es decir,  sitúan una bola representando el Sol en el punto inicial del recorrido y después van situando, a escala de tamaño y distancia, el resto de planetas. Permite "experimentar" las proporciones: lo diminutos que son los planetas y las enormes distancias que los separan. 

Desde Höfn, la ruta 1 continúa por la costa. El paisaje sigue siendo espectacular pero ya sin glaciares ni cascadas significativas: "simplemente" montañas, mar y ríos. A partir de Djúpivogur comienzan los Fiordos del Este, y es necesario dejar la carretera principal y coger la 96 y la 92 para poder seguir "costeando". 

Tuvimos suerte de hacer el recorrido de los fiordos con sol y poder admirar el paisaje. Todo muy bucólico, como se puede ver en las fotos, hasta que en Eskifjördur subimos un puerto de montaña, el más alto de Islandia, con más de 600 metros, para poder llegar a Neskaupstadur, dónde hacíamos noche. Al final del puerto hay un túnel de un solo carril que ya de por si pone los pelos de punta, pero que, además, en nuestro caso, separaba el sol, de una niebla super densa; un cambio de tiempo dramático. No sabíamos entonces que tardaríamos varios días en volver a ver el sol.