viernes, 17 de febrero de 2023

Atardeceres y mudanzas incompletas

En estos días de pre-primavera, la luz de Ginebra al amanecer y al atardecer crean una atmósfera relajante y sanadora, justo lo que necesito para hacer frente a mi incipiente hipertensión. Es una lástima que, aún así, no haya conseguido aplacar el aceleramiento de esta semana, entre la gestión de varios despidos en la oficina, la carga laboral general y el proceso de completar la mudanza al apartamento nuevo. 

El miércoles trabajé desde la nueva casa, con la idea de recepcionar varias entregas, entre ellas la del colchón con el que poder pasar la primera noche en el apartamento. Fue un día agridulce porque, aunque el colchón llegó y pude instalarme definitivamente, hubo un error por parte de IKEA y no pudieron completar el montaje del armario de la habitación. A pesar de la decepción, decidí adoptar una postura zen y fluir con mis circunstancias. Al menos tengo ya lo básico para arrancar a vivir y, poco a poco, el nuevo espacio se irá convirtiendo en un nuevo hogar, a la espera de que David se traslade algunos meses más tarde. 



sábado, 11 de febrero de 2023

Apartamento en Ginebra

Son días fríos, con nieve en las montañas que rodean Ginebra. Sin embargo, hay un cierto aire de pre-primavera. Se notan ya los días más largos y una luz muy bonita, tanto al amanecer como al atardecer.  

Este finde se vino David para gestionar la puesta en marcha del nuevo apartamento, el que encontré a principios de diciembre. El viernes me lo tomé como día de mudanza y pasamos el día montando muebles de IKEA, limpiando y trasladando cosas desde el apartamento temporal. 

Estamos muy contentos con el apartamento de Ginebra. Es un piso antiguo totalmente reformado, con espacios amplios y muy agradables. Estamos siendo muy prácticos con los muebles y todo apunta a que acabará siendo una monada y en breve nos sentiremos como en "casa". O al menos me sentiré yo, porque David todavía seguirá algunos (pocos) meses más en Madrid. 


domingo, 5 de febrero de 2023

Faro de Moncloa

Esta semana he tele-trabajado desde Madrid. El objetivo era  poder pasar una semana con mi madre, que se vino desde Vigo el domingo pasado. Esperaba una semana laboral algo tranquila, pero resultó finalmente bastante complicada, haciéndome sentir que hubiera sido mejor estar en Ginebra. Con el arranque de mi nueva etapa laboral, en noviembre, he pasado del 100% de teletrabajo al 100% de oficina y parece que ahora me cuesta encontrar un camino intermedio. 

Entre mi carga de trabajo y los días fríos y cortos del invierno, no hemos hecho grandes cosas esta semana. Conseguí comer con mi madre un par de días en restaurantes del barrio, pero el resto se fue a comer a casa de Juan, lo que les proporcionó a los dos momentos de grandes charlas e intimidad. 

El sábado subimos al Faro de Moncloa, una torre mirador que antaño fue restaurante. David y yo le teníamos ganas, y resultó ser una actividad perfecta para una abuela de 92 años. Estaba un día despejado, como todos los de la semana, y había buena visibilidad en todas las direcciones, tanto hacia el centro de Madrid como hacia la Sierra. Las vistas más cercanas a la torre son las de Moncloa, el Parque del Oeste y la Universidad Complutense. 

Después de la sesión de vistas, comimos con mi sobrino Vitor, que busca un nuevo camino, cerrando su etapa de Oporto y no sabiendo cuál nueva abrir, si Madrid, Valencia, o Taiwan. El tiempo dirá.  


jueves, 26 de enero de 2023

Museo Cantonal de Bellas Artes de Lausanne

El Museo Cantonal de Bellas Artes de Lausanne es el ejemplo perfecto del tipo de museos que me encantan: pequeños, con poca obras pero de gran calidad y todo envuelto en un edificio con una buena intervención de arquitectura contemporánea

El edificio es de 2019 así que, con la pandemia de por medio, se puede decir que es bien reciente, aunque el museo como tal es de mediados del siglo XIX. Incorpora algunos elementos de arquitectura industrial que ya estaban en la zona (un antiguo almacén de trenes). La colección permanente va del siglo XVIII al XX y es relativamente pequeña, distribuida en 2 plantas (al igual que la temporal, también distribuida en esas dos plantas). Hay verdaderas joyitas del arte suizo, de artistas menos conocidos pero muy interesantes, así como algunas piezas seleccionadas de "grandes nombres", como Katz. Completando el atractivo, el museo tiene una cafetería-restaurante muy agradable y a buen precio, así que, en definitiva, estamos ante un museo muy repetible en esta nueva etapa suiza que se va abriendo camino en nuestras vidas.





lunes, 23 de enero de 2023

Exposición de Lubaina Himid

El domingo fui a Lausanne por primera vez. Está a 40 minutos en tren desde Ginebra. El recorrido es muy agradable porque se va bordeando el lago Leman. Aunque tengo ganas de descubrir la ciudad, en esta ocasión mi objetivo era visitar la exposición de Lubaina Himid en el Museo Cantonal de Bellas Artes. El museo está al lado de la estación de tren así que tampoco daba margen para pasear por la ciudad y, en todo caso, el tiempo invernal, con temperaturas negativas y aire glacial, tampoco invitaba a muchas excursiones. 

Me sonaba la artista, y sus colores brillantes, porque David había visitado la misma exposición en la Tate de Londres. Me perdí la exposición allí y no tenía ganas de volvérmela a perder aquí. Algunas obras me gustaron mucho, principalmente los cuadros de gran formato, y, en cambio, otras me dejaron totalmente indiferente, como las telas, los carros decorados y las esculturas sonoras. En cualquier caso, se trata de una artista muy interesante. Es una británica de más de 60 años en la actualidad, nacida en Zanzibar, mujer, lesbiana y negra, que representa en sus obras las identidades de los negros traídos a Europa como esclavos. 




domingo, 22 de enero de 2023

Arte contemporáneo en Davos

Cierro la crónica de Davos con una referencia a varias obras de arte contemporáneo que me gustaron mucho.

En el parque que rodea al Centro de Congresos, entre los distintos edificios en los que se celebró la reunión anual del Foro Económico Mundial, hay dos esculturas que me encantaron: un hombre atléntico en bronce y una altísima mujer en azul intenso oteando el horizonte. No puede saber quienes son los autores porque todo estaba cubierto de mucha nieve. 

En el interior del Centro de Congresos había 3 obras destacadas, todas subrayando la importancia del arte en el diálogo y sensibilización sobre grandes problemas globales; 

- "El color de la resiliencia": un mural en vertical hecho con 4 paneles horizontales creados por niños y artistas refugiados en distintas partes del mundo (Jordania, Uganda, Bangladesh y Venezuela).

- "Realidades artificiales: coral": una inmensa pantalla de vídeo (en realidad muchas pequeñas, como se puede observar en la foto del desmontaje) en la que se proyectaban imágenes creadas por inteligencia artificial pero inspiradas en los corales naturales. El artista es Refik Anadol, un turco ya consagrado que ha expuesto en la Bienal de Venecia y en el MOMA. Era una obra realmente impactante, que no dejó indiferente a ninguno de los transeúntes por el inmenso pasillo del Centro de Congresos. 

- "Una performance duracional con el mar": dos grandes pantallas de vídeo que mostraban imágenes de la "performance" de Sarah Cameron, una artista americana, en distintos mares del mundo, durante un periodo de 9 años. Básicamente, la artista (y otros espontáneos) se quedaban instalados en el mar durante un ciclo completo de mareas, durante la subida y la bajada. 

La idea de combinar arte contemporáneo en las discusiones del Foro de Davos me parece un super acierto, al igual que las invitaciones que cursan a miembros de la sociedad civil y de diversas ONGs para que participen en las distintas sesiones. 





sábado, 21 de enero de 2023

Foro de Davos

Tras 10 días en Davos, he vuelto a Ginebra. Dicen los que han participado más veces, que a la vuelta suele producirse un bajón físico y emocional. Una especie de "Davos blues", mezcla de tristeza y baja energía, que sigue a la experiencia de la reunión anual del Foro Económico Mundial. 

Yo no sé todavía si sufriré melancolía o bajón de energía. Me encantó tener la experiencia. De entrada, los últimos días me sirvieron para distanciarme de ese arranque de año tan duro, marcado por la muerte de mi padre. En Davos es todo tan intenso y ocurren tantas cosas en paralelo, que apenas te queda capacidad para otra cosa. 

Es fácil perderse entre la cantidad de diferentes espacios que hay habilitados. Hay sala de prensa, espacios para podcasts, mini-estudios de televisión, zonas de café y descanso, oficinas de trabajo de los distintos equipos, enfermería, zona para hacer el test de covid (obligatorio para todo el mundo), mini-salas para los encuentros bilaterales (hay muchos y son probablemente incluso más importantes que las sesiones abiertas), salas para las reuniones de contenido (muchos retransmitidos en vivo), salones para las empresas asociadas al foro, salón para las figuras públicas... Vamos, como para no perderse. 

Un código de colores en los "badges" que todo el mundo lleva al cuello permite el acceso a las diferentes zonas y la identificación del tipo de participante (asistente, empleado, periodista, personal auxiliar, seguridad, policía, acompañantes...). 

Por los pasillos, o en las diferentes sesiones, es fácil cruzarse o coincidir con muchas figuras conocidas. Yo vi a algunos en persona, en las sesiones en las que participaban y a otros en sesiones retransmitas en directo. En cuanto a los contenidos, he visto un poco de todo. Algunas intervenciones y paneles son brillantes, pero también hay discursos muy vacíos y genéricos. Entre los que me encantaron, destaco dos: la intervención de Pedro Sánchez, y el Global Economic Outlook, el  panel final sobre las previsiones para la economía mundial.