Una nueva mirada a la barbacoa en la oficina
Desde el último cambio de liderazgo en mi trabajo, además de responsable de recursos humanos, lo soy también de los equipos operativos de la oficina. Eso engloba "servicios generales" (mantenimiento del edificio, equipos audiovisuales, correo e imprenta) y "hospitalidad" (recepción, restauración, gestión de eventos en la oficina).
De entrada, las nuevas responsabilidades no me emocionaron en absoluto porque temía que me dispersaran de la agenda de recursos humanos, ya de por si sobrecargada de proyectos y cambios. De hecho, los nuevos equipos no me reportan a mi sino a dos personas distintas de mi equipo de liderazgo.
Con el tiempo (4 meses ya), voy invirtiendo algo de tiempo en conocer a cada uno de los miembros de los nuevos equipos, entendiendo mejor que hacen, de dónde vienen en términos de experiencias previas, desde cuando están con nosotros, que es lo que más valoran de sus trabajos, etc. Me voy encontrando historias personales muy interesantes y descubriendo perfiles personales muy orientados al servicio y con mucha humildad.
Esta semana todos estos equipos han sufrido una enorme cantidad de trabajo, porque se juntó en la oficina un evento con 500 jóvenes venidos de todo el mundo y la organización de la barbacoa de verano para empleados la tarde-noche del viernes, con aproximadamente 1000 adultos y 300 niños.
Desde el primer año en este trabajo, me encantan las barbacoas de la oficina. El espacio exterior del que disponemos es maravilloso, con vistas al lago, y están muy bien organizadas, con actividades para niños, música en vivo y abundancia y variedad de comida y bebida. Este año, la he experimentado con otros ojos: desde la perspectiva de los equipos que la hacen posible y desde el enorme coste que suponen. A David le daba mucha pereza venir pero entiende que no es un evento al que pueda faltar.




















































