Teleférico de Barcelona
Me cuesta creerlo, pero han pasado casi 20 años desde nuestra anterior subida al teleférico de Barcelona. Aquella fue en un contexto personal y social totalmente diferente al actual. David aún vivía en la ciudad, llevábamos poco más de un año juntos, y en el país había un gran debate social, con grandes manifestaciones en contra del matrimonio homosexual, lideradas en gran parte por la iglesia católica.
Hoy seguimos utilizando el piso de soltero de David pero con la idea de usarlo como base para reformar Palau, llevamos 10 años casados, y está claro que el menor de los problemas del mundo es la regulación del amor y la convivencia entre personas del mismo sexo. Hasta la iglesia ha moderado su postura para darse cuenta de que hay problemas reales que atañen a la dignidad humana y ciertamente el amor homosexual no es uno de ellos.
Las vistas desde el teleférico que va de la montaña de Montjuïc al puerto de Barcelona siguen siendo estupendas y el perfil de la ciudad no ha cambiado dramáticamente, a excepción de la silueta ahora completa de la Sagrada Familia.























































