Mamá y el Papa
Alrededor del concierto de Rigoberta Bandini, hemos organizado una visita de mi madre y su cuidadora, Pili, a Madrid. Después nos dimos cuenta de que también íbamos a coincidir con el Papa y eso nos intimidaba un poco, por el efecto multitudes, restricciones de tráfico, etc. Sin embargo, ha salido todo muy bien y ha sido todo un acierto.
Contra todo pronóstico, vimos al Papa en su Papamóvil. Hubiera sido un pecado no hacerlo puesto que el sábado, después de la recepción en el Palacio Real, pasaba por la Plaza de España, al lado de casa. Bajé una silla de la terraza e instalamos a mi madre. Dada su avanzada edad, todo el mundo colaboró en la tarea: dejarla pasar, preocuparse de que no le diera mucho el sol, que estuviera hidratada... Llevar una abuela de 95 años sólo es un pasaporte de civismo de los demás sólo comparable a llevar un bebé.
Tuvimos que esperar casi una hora, pero allí estábamos en primera fila. Claro que todo fue un visto y no visto. Mucho más relajado e incluso más emocionante fue verlo en la tele: seguimos su llegada, el acto en Palacio, la Vigilia con Jóvenes y la Misa del Corpus Christi. El momentazo fue ver a Alberto en un super plano en la tele entre los asistentes a la Vigilia, justo al inicio de la intervención del Papa tras las primeras preguntas con jóvenes.
Me gusta mucho este Papa; muchísimo. Su claridad y valentía, su reciente encíclica, su postura ante la polarización, la tecnología o la inmigración, suponen un auténtico compás moral, y una vuelta a valores básicos de humanidad en medio de la actual deriva mundial tan enloquecida y peligrosa.
Que mi madre se animara a venir a Madrid ha sido toda una sorpresa. Llevaba dos años y medio sin viajar y nada hacía presagiar que volviera a hacerlo. El verdadero motor de este viaje fue Pili que la animó a venir juntas en tren. Cada vez hay más simbiosis entre las dos. Veo a mi madre cada vez más dependiente, así que este fin de semana ha sido todo un regalo de la vida. La vi contenta de volver a mi casa y a la de Juan, de pasear, comer, charlar y también de coincidir con el Papa que, sin duda, convirtió este fin de semana en una experiencia muy memorable.























































