Málaga, sexto viaje
Este ha sido un viaje a Málaga muy especial y por muchos motivos. Para empezar, por su duración: 8 días, todo un récord. Nunca antes habíamos estado en casa de nadie tanto tiempo. Charo es una anfitriona excelente y se le nota, y hace notar, que le gustan las visitas.
Por otro lado, este viaje nos permitió disfrutar la Semana Santa más completa e intensa de nuestras vidas, con varios días seguidos de procesiones diurnas y alguna a primera hora de la noche. Y nos gustaron todas. Yo aún hubiera visto alguna más, en particular por la noche, pero también asumo que no se puede todo en la vida, y que también hay límites de resistencia física en los eventos con mucha gente.
El otro aspecto único de estas vacaciones fue la intensa vida social, con configuraciones que han ido de 3 a 9 personas. Además de los malagueños habituales (Carlos, Javier, María Angeles, Andrés y Carmen), coincidimos dos días con Manuel y Guillermo, y Juan se bajó desde Madrid los últimos 5 días. Fue todo un récord de vida social para nosotros que ahora llevamos una vida bastante solitaria en Ginebra. El aspecto más contra-cultural de tantos amigos fueron las comidas que se extendieron la mayor parte de los días 3 horas, entre las 3 y las 6 de la tarde. Toda una anomalía para nuestra vida suiza de comidas a las 12 y cenas a las 7-8.
Por último, alquilar un coche unos días nos dio juego para las excursiones a Marbella y Antequera, y eso nos permitió descubrir nuevos aspectos de la preciosa provincia de Málaga y, especialmente, de sus múltiples montes.
Lo cierto es que lo pasamos estupendamente y nos sentó de maravilla.
















































