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domingo, 13 de septiembre de 2026

Las tumbas de los Duques de Borgoña y sus plorantes

El Museo de Bellas Artes de Dijon es uno de los muchos museos locales de Francia que son una auténtica joyita. Está ubicado en un edificio suntuoso, parte del Palacio de los Duques de Borgoña, tiene una colección enorme, especialmente de arte medieval, y fue renovado hace pocos años. La sala principal del museo alberga las tumbas de los Duques de Borgoña, auténticas obras maestras de la escultura gótica, con sus "plorantes" en la base, unas figuras de unos 40 cm, todas diferentes y con sus rostros compungidos. Son una maravilla, como toda la sala y las tumbas en su conjunto. En nuestra anterior visita, la sala estaba en obras y algunos de los "plorantes" de viaje por Estados Unidos. Nos ha encantado verlos ahora en su sitio y en ese estado tan perfecto de conservación. 


martes, 29 de agosto de 2023

El Cementerio de los Reyes en Ginebra

En pleno centro de Ginebra, hemos descubierto el Cementerio de los Reyes, de poético nombre. En realidad, lo descubrieron Geni y Candela en su reciente visita y nosotros sólo nos limitamos a seguir sus pasos. Nos sorprendió que no nos hubiéramos tropezado con él, porque, como digo, es muy céntrico. Está situado entre la explanada de Plainpalais y la punta de la Jonction, dónde se unen los dos ríos.

Más que un cementerio es un parque urbano, más o menos cuadrado, rodeado de edificios de apartamentos. Los árboles son de gran porte, majestuosos y variados, y el césped recubre todo el suelo, salvo los senderos. Aquí y allá, sin orden aparente, hay desperdigadas algunas tumbas en tierra, todas de gente ilustre o afamada en la ciudad. 

Es un parque pequeño pero muy hermosos y da para un agradable paseo de descubrimiento de las distintas tumbas. Entre los nombres relevantes con los que nos cruzamos están José Luis Borges (una sorpresa encontrarlo allí) y Calvino (el de la Reforma protestante), una figura esencial de la historia de Ginebra. 





domingo, 19 de febrero de 2023

Reliquias

He pasado el fin de semana en Vigo. Ha sido el primer viaje desde la muerte de mi padre. Después de la comida familiar del sábado, mi madre quiso llevarme a ver la lápida, ya corregida después de un pequeño error tipográfico. Comprobamos que en los dos nichos familiares, el de mi abuela, y el de mi padre y sobrino, da el sol al atardecer, así que nos pareció una ubicación excelente para que disfruten de las puestas de sol. 

Con vistas a animar a mi madre a hacer limpia de cosas en casa, me puse a dar ejemplo, empezando por mis reliquias de adolescencia y primera juventud. Me quedan aún muchas horas por delante de revisión y limpieza, pero he comenzado a abrir carpetas y cajones y, como resultado ya he tirado dos buenas bolsas de documentaciones varias y otras dos de objetos inservibles, que no conservaban ni siquiera valor sentimental, porque no recordaba de dónde habían salido.  

La operación limpieza sirvió para reencontrarme con múltiples intereses de mi pasado: colecciones de posavasos y postales de puestas de sol, libros varios del conservatorio (tratados de solfeo y armonía, así como partituras de guitarra), cursos de educación al desarrollo, de sectas y de psicología política, documentos de mi activismo en organizaciones no gubernamentales, múltiples recortes de prensa, o materiales del CAP (curso de aptitud pedagógica, para poder ser profesor de Instituto; menos mal que eso no llegó a ningún sitio...). También encontré juegos de sobremesa, como el Conygan de la foto, en el que tenías que adivinar códigos de colores a partir de ciertas pistas. 

Entre los múltiplos reencuentros con mi pasado, me gustó encontrar el rastro de mis primeros viajes, como el fin de curso de EGB a Barcelona en tren, el fin de curso de instituto a Lloret de Mar, o mis primeras visitas a Madrid o Zaragoza, con menos de 20 años. Tiré muchas cosas, pero también guardé muchas otras. Me gusta guardar cápsulas del tiempo, esos pedazos de memoria de lo que un día fui y de los grandes bloques de intereses y experiencias que construyeron mi identidad.

martes, 10 de enero de 2023

Cultura funeraria

Estos últimos días han sido un curso acelerado de cultura funeraria. Hasta ahora, tenía una experiencia muy limitada con la muerte. En la familia cercana sólo había perdido un sobrino, de 3 meses, hace 30 años y mi abuela, hace más de 20. Esta es la primera vez que he tenido que gestionar, y coordinar qué ocurre después de una muerte, sacando partido a todos esos recibos de la fe, pagados durante décadas. Gestioné todo con mucha eficacia y serenidad, hablando de nichos, incineraciones, horarios de tanatorio, urnas y lápidas, sin pensar en la pérdida de mi padre sino más bien en una especie de "gestión de proyectos". 

Todos estos días pasados, sin excepción, he tenido momentos de lágrimas y de emociones fuertes, pero han sido casi todos en solitario, con mis propios recuerdos. A la hora de tomar decisiones y comunicarme con la familia he estado siempre tranquilo, especialmente con mi madre. 

La anécdota más graciosa de estos días fue un abrazo espontáneo con una chica que salió de su panadería a reñirme porque estaba golpeando su coche al aparcar (los típicos "toques" o "aparcar de oído"). Estaba muy enfadada pero lo pedí perdón y le expliqué que había fallecido mi padre entre lágrimas. Su reacción automática fue abrazarme repetidamente y decirme que no me preocupara en absoluto por el coche. Fue un momentazo. 

El otro momentazo fue la introducción de las cenizas de mi padre en el nicho familiar este lunes. Llevamos unas pocas rosas, sacadas de las numerosas coronas y centros florales del tanatorio, en distintos colores, para simbolizar a mi madre, los hijos, los nietos y "la familia allegada" (la de mi madrina). Después, dimos todos un paseo por el cementerio, como en aquellos tiempos lejanos de rituales navideños, Buscamos el  "cenicero" que mi madre tiene en propiedad (los nichos son alquileres de 50 años). Medio en broma, medio en serio, dije a mis sobrinos que recordaran la ubicación, ya que es probable que los distintos miembros de la familia acabemos allí, ya sea en urnas individuales o bien en distintas combinaciones si necesitan hacer más espacio... 

Por la tarde, ese mismo lunes, David y yo dimos un largo paseo por el centro de Vigo. Hacía mucho tiempo que mi madre no caminaba tanto porque mi padre no estaba para muchos trotes. Para ella empieza una nueva vida. Acabamos esperando al anochecer para que pudiera ver las luces navideñas de la ciudad. La Navidad se nos había escapado este año a todos sin enterarnos, pero gracias al alcalde, que ha prolongado las luces hasta mediados de enero, pudimos aún disfrutar de un paseo para despedirnos de ella en condiciones, como habíamos hecho con mi padre. 


domingo, 8 de enero de 2023

La semana más dura

Esta primera semana de 2023 ha sido "heavy metal", un torbellino de emociones fuertes y conversaciones intensas a muchas bandas. En general, la he llevado bastante bien, con breves momentos de bajón y lagrimones, pero en general muy centrado en gestionar la situación, minimizando el sufrimiento de mi padre y acompañando todo lo posible a mi madre. 

El domingo pasado, día de Año Nuevo, con mi padre en casa, fue dantesco. David y Juan vivieron momentos super duros, que estoy seguro recordarán toda la vida. El lunes 2 fui al Centro de Salud de Sárdoma a primera hora para solicitar la atención domiciliaria o su ingreso hospitalario. La médico que me atendió fue super borde, pero no me alteré en ningún momento. Fui frío como un témpano, tipo ejecutivo, para solucionar la situación y ella acabó llamando al 061. Cuando llegué a casa de vuelta, ya estaba la ambulancia recogiendo a mi padre. Me fui con ellos a urgencias del Cunqueiro y esa tarde lo ingresaron en una habitación del Meixoeiro de la que ya nunca saldría. 

Los días posteriores, el martes 3 y el miércoles 4, fueron de conversaciones serenas pero muy serias con la geriatra y el equipo de enfermería. Siguiendo sus protocolos, la agonía podía haberse demorado mucho tiempo, pero al final todo fue super rápido, con fallecimiento el 5 y homenaje de despedida en el Cementerio de Pereiró la tarde del día 6. 

Toda la familia tuvo oportunidad de despedirse de mi padre, y él fue consciente a ratos.  En medio de sus delirios sobre la Guerra Civil, tuvo instantes de conexión con cada uno de nosotros y momentos de amor infinito. Yo soy el que más tiempo pasó a su lado estos últimos días y conmigo me llevo un montón de pequeños momentos de cariño y conexión. Fue un final épico y ahora sólo nos queda a todos acostumbrarnos a la idea de no volverlo a ver, ni volver a oírle cantar. 



viernes, 9 de septiembre de 2022

Cementerio del Alto de São João

A unos 10 minutos a pie del apartamento en el que estoy está semana está el Cementerio del Alto de São João. Lo veo a diario, al fondo, cuando voy al gimnasio de Olaias (me he librado del sacrificio de correr en Lisboa). Teniéndolo tan cerca, y con lo que me gustan los cementerios, me acerqué a visitarlo. 

Como el nombre indica, el cementerio está en un alto, nada sorprendente con las innumerables colinas que tiene la ciudad. Es el más grande de Lisboa, creado hace casi dos siglos. Tiene calles y calles de panteones y mausoleos, con alguna zona de tumbas en el suelo y sin apenas nichos. Por el tipo de construcciones y esculturas funerarias, me recordó a los cementerios gallegos. Concretamente al de Vigo, aunque claro está este es mucho más grande (y más incómodo con todas esas cuestas). 




viernes, 12 de noviembre de 2021

El Cementerio de los Mártires en Rabat

No aparece en las guías de qué hacer en Rabat, ni en el top 5, ni en el top 25, y sin embargo a mi me parece un sitio maravilloso. El Cementerio de los Mártires se encuentra después de la medina, el barrio antiguo y amurallado de la ciudad, con vistas al océano Atlántico. De hecho, la muralla encierra uno de los lados del cementerio, hasta acabar en el faro. Es un sitio tranquilo, después del bullicio incesante de los mercados sin fin de la medina. Ocupa un espacio enorme en primera línea de costa. Las tumbas bajan en ladera hacia el mar y se oye el ruido de las olas. Caminamos entre esos miles de tumbas con la luz del atardecer y nos pareció uno de los sitios más atractivos de la ciudad. 




domingo, 18 de octubre de 2020

San Agustín y el Cementerio de Montparnasse

Penúltimo fin de semana en París. Combinado de amigas y paseos: sábado con Ronke y domingo con Christine. Nos vimos para comer porque el toque de queda a partir de las 9 hace complicados los planes para cenar. 

Aprovechamos nuestros últimos paseos por la ciudad para re-visitar algunas cosas prácticamente olvidadas. Son lugares que vimos en nuestra primera etapa en París, hace una década, y acompañados de mis padres en su primer viaje. Por un lado, la Iglesia de San Agustín, que luce ahora una fachada re-limpia. Es una iglesia de finales del XIX, de la reforma haussmaniana y su afición a colocar edificios emblemáticos en la confluencia de grandes avenidas, en este caso el bulevar Malesherbes y el bulevar Haussmann. La estructura interior es metálica y tiene una gran cúpula, reconocible desde muchos puntos de la ciudad. 

Por otro lado, re-visitamos también el Cementerio de Montparnasse, con sus vistas a la gran Torre. En la glorieta central, con el ángel, se encuentra ahora la tumba de Chirac. También nos acercamos a ver la tumba de Sartre y Simone de Beauvoir. Nuevos y viejos inquilinos en el cementerio, y 10 años que nos han pasado a nosotros entre la primera visita y esta segunda. 






lunes, 12 de agosto de 2019

Cementerios militares de Luxemburgo

La batalla de las Ardenas tuvo lugar en campos de Luxemburgo y Bélgica al final de la Segunda Guerra Mundial, en el invierno del año 44-45. Unos muy motivados alemanes sorprendieron a los Aliados en una contraofensiva que pudo (casi) triunfar. Sólo fueron 7 semanas pero todo fue muy bruto y murieron 19 mil americanos. Fue la batalla en la que perdieron más hombres. Hoy dos grandes cementerios militares guardan el recuerdo y los restos de todos esos soldados.  

El cementerio alemán está en Sandweiler, a las afueras del pueblo dónde viven M de Lux y G. No lejos de allí está el cementerio americano. Me encantaron e impactaron los dos. El alemán más pequeño, austero y recogido, y el americano mucho más amplio y grandioso, con un cesped verde intenso impoluto contrastando con las lápidas blancas. Como ya me había ocurrido en Normandía, me impresionó toda esa simetría, la homogeneidad de las lápidas, y esa tranquilidad y silencio. Son lugares que invitan a deambular y reflexionar sin prisas.