miércoles, 5 de agosto de 2026

Afurada

Esta semana bajamos un día a comer con mi sobrino Vitor y mi cuñada AsunAfurada, en Gaia. No conocía ese barrio de pescadores, situado hacia la desembocadura del Duero, un poco más allá del Puente de la Arribada. Se nota que el barrio se está gentrificando con rapidez, pero todavía conserva el aire original y se nota que vive gente de verdad en él, así que la ropa tendida convive en algunas esquinas con la cercanía de las parrillas de pescado de los restaurantes. De hecho, al lado del río hay un lavadero y un sistema de tendal con grandes estacas de madera. Una maravilla antropológica de las que van quedando cada vez menos. Una señora que estaba lavando le explicó a mi madre el sistema de cubetas del lavadero porque como ya expliqué llevar a una señora de 96 años por la calle genera oleadas de civismo y simpatía. 

Nos encantó el barrio. Nosotros comimos (super bien) en el Armazén do Peixe, pero las opciones de restauración por la zona son innumerables y todas tiene buena pinta. 

Después de comer, visitamos el nuevo apartamento de mi sobrino. Lleva 6 años viviendo en Oporto y he perdido la cuenta de cuantos pisos distintos ha ocupado, fiel a su estilo entrópico: de Matosinhos a Ribeira, del Centro a Leça, y así hasta la última mudanza al barrio de Boavista. Hace 3 meses que se instaló allí en un piso grande para poder albergar muchos de los muebles que tenían en el chalet de Madrid, que vendieron un par de semanas antes de la muerte de mi hermano. Nueva etapa con ecos de pasado.