96 cumpleaños y 2 ausencias
Da pánico pensar en lo que vamos perdiendo con el paso del tiempo y con la edad. Me salva que no lo suelo pensar o, al menos, procuro no recrearme demasiado tiempo en sitios oscuros.
Este año, nos volvimos a encontrar el 1 de agosto para celebrar el cumpleaños de mi madre. El del año pasado fue adelantado y marcado por el visible deterioro de mi hermano. No hace tanto que empezamos también a celebrar una ausencia, y ahora ya son dos. Son contabilidades sin sentido, pero inevitables.
El día siguiente lo celebramos con Pili, la cuidadora de mi madre, en su casa en Candeán. La relación entre las dos es cada día de mayor co-dependencia, porque aunque mi madre sigue muy bien para su edad, cada día se la ve más limitada y Pili directamente la malcría, no dejándole hacer nada. Por la tarde, ya en el centro de Vigo, coincidimos con la Procesión del Cristo, que ni Juan ni David conocían.


