sábado, 25 de abril de 2026

Reunión en el Lausanne Palace

Semana super intensa de trabajo por la organización de un nuevo retiro del equipo directivo. Tuvimos uno el año pasado en el Hotel Mirador.  Ahora el equipo a vuelto a cambiar porque tenemos nuevo director general desde la conjunción astral de finales de febrero que resolvió la crisis de los archivos de Epstein

En esta ocasión pasamos tres días en el Hotel Lausanne Palace, en el que yo ya había estado el año pasado con David, como parte de las escapadas en hoteles de lujo a las que tiene acceso por su trabajo. Escapadas que, por cierto, se van a acabar ya porque deja el Hotel Four Seasons de Ginebra. Ha anunciado su renuncia y le queda trabajar los dos meses de pre-aviso, completando lo que habrá sido una experiencia de dos años completa. Simplemente, nos hemos cansado de nunca coincidir los fines de semana. No necesitamos su salario y su constante cambio de horarios, entre mañanas y tardes, altera sus ciclos de sueño e impide que pasemos tiempo de calidad juntos. 

En cuanto a mis tres días de "retiro", esta vez fueron particularmente intensos. Además de que llevé el peso de la organización de la reunión, tanto en agenda como logística, tuve también que facilitar la toma de decisiones en la mayor parte de las sesiones. Este equipo no está acostumbrado a tomar decisiones y en cambio les encanta jugar a las grandes reflexiones estratégicas y nunca aterrizar nada concreto. 

La reunión casi acaba en desastre absoluto. Veinte minutos antes de acabar, mientras discutíamos quien iba a comunicar los resultados de la reunión a los empleados la semana siguiente, comencé proponiendo dos nombres de mujeres, una como moderadora y otra como panelista, entre otras personas. Las dos reaccionaron haciendo el comentario "espero que no sea porque soy mujer". A la primera, sólo le puse cara de indignación y a la segunda le contesté directamente "si cada vez que propongo un nombre de una mujer del equipo, ese va a ser el comentario, esto no va a funcionar". La tensión se cortaba en el ambiente y a partir de ahí adopté una postura pasiva, con lo cual fue evidente el mal rollo. 

Nada más acabar la reunión confronté el asunto con las dos super-mujeres (por cierto, son 5 en total, el 45% del equipo). Les dije que esperaba que cada vez que mi nombre se mencionaba, o yo era el responsable de algo, no fuera porque soy "el gay del grupo" (y yo sí que soy el único). Pidieron disculpas y asunto resuelto. Un agotamiento todo y un ejemplo de cómo la instrumentalización de la identidad puede crear tensiones en los equipos. También quedó claro que conmigo esos jueguitos no funcionan.