La guerra de la calefacción
Al mismo tiempo que en la oficina se recrudecía la crisis por los archivos de Epstein, en casa estallaba la guerra de la calefacción. Hace 10 días que nos instalaron en casa unos reguladores de la temperatura de los radiadores y las temperaturas se han desplomado 3 grados, apenas superamos los 20 en el salón (con suerte), y la habitación y la cocina están gélidas a unos 17-18 grados.
Es una situación algo surrealista porque aún llevando 4 capas de ropa, es fácil que se te quede la nariz o las manos frías, cuando pasas algunas horas seguidas en casa. Nos hemos quejado repetidamente, pero el casero se escuda en que "es la ley". La IA se ha revelado muy lista y útil en una situación como esta porque rápidamente nos ha informado que son recomendaciones y no imposiciones y se ha ofrecido a escribirnos notas de protesta en francés.
En realidad, lo que parece que ocurre en Ginebra es que miden (y multan) a los edificios si no cumplen unas medidas de eficiencia energética, con la idea de que los propietarios inviertan en aislamientos y revestimientos, pero estos acaban bajando las temperaturas a los inquilinos y asunto resuelto; ya bajan el consumo. Seguimos peleando el tema, pero apunta que acabaremos comprando radiadores, mientras seguimos denunciando el tema a los organismos oficiales.


