Excursión familiar a Toledo
Mis padres habían estado en Toledo por primera vez hace 40 años, y por segunda vez hace 20. Llegados a cierta edad, todo son grandes números. Tengo la sensación en los últimos viajes con ellos de que los viven como despedida, como si ya no fueran a volver a ese lugar. Son pequeños detalles, comentarios sin angustia pero que a mi me hacen subir la ansiedad.
Comimos de bocata, en plan mochileros, para aprovechar las pocas horas de luz que teníamos tras la cola del mazapán y el hecho de haber salido tarde de Madrid. Nos sentamos en un banco al sol, con vistas al Museo del Greco y la Sinagoga del Tránsito, que posteriormente visitamos. El Museo es muy agradable, por su patio, y la recreación de la vivienda del pintor. En la colección de pinturas, lo más interesante es la serie de los Apóstoles. En la foto de abajo los cuadros correspondientes a Santiago el Mayor y Santiago el Menor, con esas manos tan estupendas "que van soltando plumas". En cuanto a la Sinagoga, es una forma excelente de acercarse al Judaísmo porque dispone de muchos paneles explicativos. Con todo, lo realmente impresionante es el propio edificio y su sala de oración: arte mudéjar del siglo XIV... más de 600 años. Cómo pasa el tiempo, y qué miedo da.